martes, 29 de septiembre de 2009

Instalaciones involuntarias

Francisco Mata Rosas

Partiendo de que la categoría de arte no le es intrínseca a los objetos sino que es necesaria la validación por el “mundo del arte”, es preciso reflexionar sobre el porqué estas imágenes, que en una primera lectura caben en el ámbito de la fotografía documental, directa, de registro o testimonial, resignifica a estos objetos extraídos del ámbito cotidiano para trasladarlos al lenguaje de lo artístico en una traducción semántica asignada por el autor.

La hipótesis es que con un sentido utilitario, casi nunca con una intención estética, construimos objetos que al ser vistos desde otra perspectiva (la del autor), adquieren una belleza y una fuerza tanto estética como conceptual, comparable a la que producen la escultura o mejor aún las instalaciones artísticas.

Este arte efímero y accidental es descubierto a partir de teorías como la del objeto encontrado y las de la apropiación artística, una perspectiva académica que analice los resultados de esta búsqueda, ofrece las nociones históricas que dan cuerpo a este concepto, pero surgen algunas dudas: ¿es válido el término y por lo tanto la teoría de la apropiación artística de algo que en su origen no tenía esa intención? ¿Las premisas de la teoría del objeto encontrado siguen siendo válidas, cuando éstos forman parte de un conjunto indisoluble de elementos que en realidad forman un ensamblaje?

A lo largo de la historia de la fotografía muchos autores se han visto seducidos por los objetos, desde el surrealismo, la vanguardia mexicana y la fotografía contemporánea, las cámaras se han dirigido a resignificar a estos silenciosos actores de nuestro entorno. Las formas de la repetición, la irrupción en el “orden” de nuestro diario andar, la sensualidad adquirida por condiciones específicas de luz y sombra, las contradicciones en las que se ven envueltos al encontrarse en ocasiones fuera de lugar o de contexto, la sobreposición de tiempos y usos que de manera caprichosa o arbitraria se les otorga en algún escaparate o basurero, en fin, la flexibilidad estética, la riqueza visual y sobre todo la enorme red de interpretaciones, han hecho que fotografiar los objetos nos hable muchas veces de una manera más clara y contundente de una época, una coyuntura política, social o cultural y sobre todo, de los hombres mismos.

Según algunas definiciones del arte, es la institución quien valida y por lo tanto clasifica la producción artística, por lo tanto estas piezas que no fueron creadas con una intención artística y mucho menos responden a una experiencia estética basada en un concepto, jamás tendrían cabida en un museo o en una galería.

Al ser motivo de la atención del fotógrafo, estas mismas piezas se cargan de sentido, se revisten de un aura artística, se resignifica la manera de acercarnos a ellas, se modifica nuestra percepción y por lo tanto las dotamos de una carga visual que entonces sí nos ofrece una experiencia estética equiparable a la que le dota un artista con un sentido claro de expresarse a través de estos medios.

Entonces estaríamos pensando que en este caso la fotografía, ya no como medio de representación mecánica de ”la realidad”, es capaz de validar algo como artístico, lo cual debilitaría la definición institucional del arte, acercándose muchísimo más a la definición intencional.

“Nietzsche advirtió que se puede reflexionar sobre el arte desde la vertiente del espectador o desde la vertiente del creador, mientras Kant y Schopenhauer adoptaban el punto d vista del espectador, privilegiando así todo lo concerniente a la realidad del arte, Nietzsche por el contrario destacaba el punto de vista del creador, del artista, desde ahí cobra sentido la propuesta de que el arte es una forma de la voluntad de poder (…) lo subjetivo acaba siendo por esta vía, además de principio de la creación, el contenido mismo de la obra artística…”[1]

La línea de trabajo entonces comienza con la intención del artista, quien continuando con esta rica tradición de la fotografía de referirse a los objetos, actualiza los propósitos de la experiencia artística al entablar un diálogo con otras formas de la experiencia estética como son la escultura y la instalación, logrando al mismo tiempo una reflexión sobre los significados de espacio público, de intervención, de apropiación, pero ya no de lo artístico sino de lo cotidiano, logrando de esta forma traducir lo que de entrada es una experiencia colectiva en un acto subjetivo, al desviar por completo el curso, el camino y hasta la temporalidad de estos objetos. La obra en su aspecto físico, sería un significante que remitiría a su significado pero no dentro de una colectividad, por lo menos en principio, sino que la denotación y la connotación en esta estructura que Barthes plantea en La Retórica de la Imagen adquirirían su expresión al “revindicar la posibilidad de producir signos más allá de los códigos, forzando las reglas y la naturaleza convencional misma del lenguaje(...) el gozo que se encuentra en la producción de sentido pero no por el sentido que resulta, sino por la actividad creativa misma, que no deja de poner en cuestión los mismos sentidos que provoca”.[2]



[1] García Leal, José. Filosofía del Arte. Editorial Síntesis, Madrid, España, p. 53

[2] Barthes, R. El placer del texto, México, F.C.E. 1987. P. 32

El problema de la performatividad del género en El lugar sin límites, de Arturo Ripstein.

Dulce Isabel Aguirre Barrera

Como han señalado numerosos autores, el acto de recepción e interpretación de una obra de arte está condicionado por la subjetividad, históricamente enmarcada, del observador.[1] Ya Gadamer habló sobre el rol del observador en el acto de “completar” el performance que, para él, es toda obra de arte: a través de la mirada, el que interpreta “participa” de la obra, es decir asume o no el papel necesario para comprender y aceptar las retóricas que de ésta se desprenden pero, al mismo tiempo, produce significados que igualmente conforman su sentido -o, mejor dicho, sentidos.[2] Retomando los planteamientos de este autor en su texto “Estética y hermenéutica”, cabe subrayar el carácter autónomo de toda obra de arte que, en cada experiencia estética, se actualiza: el sentido de su mensaje rebasa aquel del contexto histórico en que fue creada, el de la intención de su autor, e incluso el de la experiencia de recepción del espectador contemporáneo a ella. Más bien, la significación se re-produce y se re-crea en un proceso abierto a nuevas interpretaciones.[3]

Sin embargo, apunta Gadamer, dicha apertura significante no es total, es decir, no cualquier interpretación resulta válida.[4] Estando de acuerdo con dicha postura, se plantea la cuestión sobre la pertinencia de un análisis de género de El lugar sin límites, de Arturo Ripstein, partiendo de las perspectivas analíticas que postulan el carácter performático del género.

Judith Butler plantea que el cuerpo es “una continua e incesante materialización de posibilidades”. Así, el género no es una identidad sustancial ni esencial del sexo biológico de un individuo sino, más bien, “un constructo hecho mediante actos corporales específicos.”[5] El carácter de “realidad” del género es, entonces, performativo, lo que significa que este último es “real” sólo en la medida y la extensión en que es “puesto en escena” (performed) dentro de la dimensión temporal. Ello, a través de lo que la autora denomina “la repetición estilizada de actos (gestos corporales, movimientos, y “actuaciones” –enactments- de varios tipos)” que, en su conjunto, constituyen la ilusión de una identidad de género fija, estable y quintaesencial del sexo.[6]

Debido a aquella cualidad performativa -esto es, a la relación arbitraria que existe entre los actos que materializan la identidad de género, y el sexo biológico- dicha identidad contiene, en sí, la posibilidad de maneras distintas de repetición, de repeticiones “subversivas” de quiebre o cuestionamiento de aquel “estilo” (el atribuido a cada género). De esta manera se hace manifiesta la necesidad de analizar y comprender el problema del género no en términos de unicidad sino, más bien, bajo los parámetros cognoscitivos de una multiplicidad de identidades sexo-genéricas. Así, por ejemplo, un individuo travesti, además de expresar claramente la diferencia entre el género y el sexo –la pluralidad de sus “encarnaciones”-, manifiesta y cuestiona la concepción común de la distinción entre apariencia y realidad. Puesto que la realidad del género se constituye por el performance del mismo y no existe, por lo tanto, un sexo o género esencial (atemporal), la identidad de género del travesti es tan real como aquélla cuyo performance cumple con las expectativas sociales.[7]

En el caso del que me ocuparé, la “representación” debería entenderse en los términos de aquel enactment –materialización- corporeizada del género. Mediante la posterior profundización en la articulación de las herramientas metodológicas y teóricas sobre el problema del género, y aquéllas relativas al análisis de la imagen y el discurso cinematográficos, que llevaré a cabo conforme se desarrolle mi investigación, me propongo estudiar la identidad de género de los personajes de El lugar sin límites a través de las imágenes -entendiendo este último término en su sentido más amplio, de constructo de sentidos- que constituyen, en cada caso, la “puesta en escena” de la misma. Pretendo, con ello, abrir la posibilidad analítica de interpretarlos ya no sólo en términos del carácter (o los actos de tipo) activo o pasivo que predomina en ellos. Más bien, mi trabajo tendrá la intención de plantear un estudio en relación con la manera en la que cada uno lleva a cabo el performance de su identidad genérica, es decir, los modos de articulación y las significaciones de los actos performativos que la expresan y denotan.

Para llevar a cabo lo anterior, y retomando la postura de Gadamer, más que una reconstrucción del “horizonte histórico original” de sentido que haya tenido el filme en la época de su creación, me propongo analizar el carácter simbólico de sentido, relacionado con el problema del género, partiendo de una interpretación que, valiéndose de las posibilidades teóricas y analíticas que posibilitan los planteamientos de Butler, lo reactualice.

De esta manera, mi intención es analizar la película como un texto estético en el sentido en que lo entiende Umberto Eco (esto es, como un sistema de articulaciones significantes):[8] estudiar los procesos de significación del género en la película, es decir, los procesos mediante los cuales se producen, actualizan y articulan los signos que significan y simbolizan las identidades sexo-genéricas de los personajes, y la manera en que esto ocurre.

Bibliografía

Bal, Mieke y Bryson, Norman. “Semiotics and Art History: a discussion of Context and Senders”. The Art Bulletin. Volumen LXXIII, número 2, June 1991. Nueva York, The College Art Association, 1991.

Baxandall, Michael. Modelos de intención. Sobre la explicación histórica de los cuadros. Madrid, Hermann Blume, 1989.

Foster, Hal. El retorno de lo real. La vanguardia a finales de siglo. Colección Arte Contemporáneo, no. 8. Editorial Akal, Madrid, 2001.

Gadamer, Hans-Georg. “Estética y hermenéutica”. Estética y hermenéutica. Madrid, Tecnos, 1996. Pp. 55-62.

Holly, Michael Ann. Past Looking. Historical Imagination and the Rhetoric of the Image. Ithaca/London, Cornell University Press, 1996.

Joly, Martine. La interpretación de la imagen: entre memoria, estereotipo y seducción. Barcelona, Paidós (colección Comunicación, no. 144), 2003.

Pérez Carreño, Francisca. “Umberto Eco: Del icono al texto estético”. Valeriano Bozal, Historia de las ideas estéticas y de las teorías artísticas contemporáneas, Vol. II. Madrid, La balsa de la Medusa, 1996. Pp. 73-92.

Consulta en Internet:

Butler, Judith. “Performative acts and gender constitutions. An essay in phenomenology and feminist theory”. Bial, Henry. The Performance Studies Reader. http://books.google.com.mx/books?hl=es&lr=&id=9_EWvlnrxp0C&oi=fnd&pg=PA154&dq=performance+judith+butler&ots=7tivw_65Ih&sig=ruNe5TCk3xc8k8X8eORH_8kzZks. Pp. 154-166. Consultado el 18 de agosto de 2009.

Lizarazo, Diego. Exploración para una perspectiva pragmática de la significación de la imagen”. http://www.usb.edu.mx/downloads/publicaciones/No2/r02_art007.pdf. Consultado el 23 de junio de 2009.



[1] V., por poner sólo algunos ejemplos, Bal, Mieke y Bryson, Norman, “Semiotics and Art History”, The Art Bulletin, volumen LXXIII, número 2, june 1991, p. 180; Baxandall, Michael, Modelos de intención, p. 15; Foster, Hal, El retorno de lo real, p. X; Holly, Michael Ann, Past Looking, pp. 7, 14 y 15; Joly, Martine, La interpretación de la imagen, p. 276; y Lizarazo, Diego, “Exploración para una perspectiva pragmática de la significación de la imagen (primera parte)”, http://www.usb.edu.mx/downloads/publicaciones/No2/r02_art007.pdf.

[2] V. los planteamientos de Gadamer, citados en Holly, op. cit., pp. 13 y 25.

[3] V. Gadamer, Hans-Georg, “Estética y hermenéutica”, Estética y hermenéutica, pp. 55-62.

[4] V. ibid., p. 56.

[5] V. Butler, “Performative acts and gender constitutions. An essay in phenomenology and feminist theory”, http://books.google.com.mx/books?hl=es&lr=&id=9_EWvlnrxp0C&oi=fnd&pg=PA154&dq=performance+judith+butler&ots=7tivw_65Ih&sig=ruNe5TCk3xc8k8X8eORH_8kzZks, pp. 154-156.

[6] V. ibid., pp. 154-161.

[7] V. ibid., pp. 155 y 161.

[8] V. Pérez Carreño, Francisca, “Umberto Eco: Del icono al texto estético”, Historia de las ideas estéticas y de las teorías artísticas contemporáneas, pp. 76-78.

La inmóvil máquina del tiempo. Fotografía y temporalidad

Cynthia Grandini


Problema

Los modos en que tanto la teoría de la fotografía como la literatura tocan su preocupación por el tiempo.

Breve argumento sobre el problema

Hay incontables ejemplos de relatos literarios en los que una fotografía es el detonador de la historia, este detonador lo encontramos sobretodo en cuatro variantes: aquella en la que al ver la imagen el personaje recuerda un momento o una persona en su vida, en este caso la fotografía funciona como pretexto para el flashback; hay también las veces en que un aspecto de la realidad no visto en el momento de la toma, sale de nuevo a la luz cuando se mira ésta con detenimiento; otra más en la que el objeto fotográfico es el sustituto del referente fotografiado; y finalmente otra en la que la fotografía ofrece una perspectiva del mundo. Estos modos o usos de la imagen en el relato literario responden sin duda a concepciones bien conocidas sobre la fotografía que han sido tocados también por los teóricos de ésta. En el primer caso como memoria o temporalidad, en el segundo como huella, en el tercero como fetiche, y en el cuarto como creación.

En ambos encontramos variantes de afirmación o negación de estas funciones donde el asunto sigue siendo el mismo, es decir, el escritor o el teórico pueden negar que una fotografía realmente evoque un tiempo pasado, pueden dudar de la capacidad probatoria del signo, o pueden negarse a aceptar la fotografía en lugar del objeto amado, pero en todo caso discurren en torno a ello y muchas veces vemos cómo un mismo autor problematiza varios de estos temas en un solo texto.

Metodología propuesta para desarrollar el problema

Encontrar en los textos teóricos y en los textos literarios el mismo asunto y comparar el modo en que son tratados en cada caso. Se tratará de una suerte encuentro de argumentos donde la cita jugará un papel fundamental. Escojo esta forma de trabajo pues considero que trabajar el tema por comparación de visiones ofrece la posibilidad de tener un panorama múltiple y por ello más completo de un tema, así pues lo que se toca de un modo en la teoría, aparece de otro en la literatura y así podemos encontrar dos posturas en espejo que se descubren y complementan una a la otra.

Avances de investigación y desarrollo

Marguerite Duras

No sé quién hizo la fotografía de la desesperación. La del patio de la casa de Hanoi. Quizá mi padre por última vez. Dentro de unos meses será repatriado a Francia por motivos de salud. Antes, cambiará de destino, será destinado a Pnom-Penh. Permanecerá allí unas semanas. Morirá en menos de un año. Mi madre se habrá nega­do a seguirle a Francia, se quedará allí donde está, firme.”[1]

Cuando dice esto, no es la imagen lo central (aunque sea el disparador) lo central es lo que –a la luz de los años– ella sabe de esa fotografía lo que él –su padre– no sabía: que morirá poco después, cuánto tiempo estaría en la casa donde se tomó esa fotografía, cuánto tiempo de vida le quedaba, a qué lugar se mudaría, qué compañía y qué despedidas le esperaban y le precedían. A lo largo del libro Duras habla de todo lo que una fotografía no puede enseñar, algo así como el otro lado de la fotografía, lo que a pesar de la imagen no puede verse y está perdido en el tiempo o transformado por la memoria.

Roland Barthes

“Pero el punctum es: va a morir. Yo leo al mismo tiempo: esto será y esto ha sido; observo horrorizado un futuro anterior en el que lo que se ventila es la muerte. Dándome el pasado absoluto de la pose (aoristo), la fotografía me expresa la muerte en futuro. Lo más punzante es el descubrimiento de esa equivalencia. Ante la foto de mi madre de niña me digo: ella va a morir: me estremezco, como el psicótico de Winnicott, a causa de una catástrofe que ya ha tenido lugar. Tanto si el sujeto ha muerto como si no toa fotografía es siempre esta catástrofe”[2].

Existe el deseo de descubrir un más allá de lo que la fotografía nos puede enseñar, anudar la imagen con los datos, buscar con la memoria las fechas que hagan coincidir lo que se ve en la fotografía con el recuerdo, para que todo cobre sentido ¿El rostro triste de alguien en una fotografía se relaciona con algo que se sabía que iba a suceder después, o con algo del pasado? ¿Con un deseo no cumplido? ¿Con una tristeza más banal y cotidiana? ¿Qué pasaba por la mente de esa mujer o de ese joven, qué en ese rostro, prefigura un evento posterior? ¿Cómo saber si un gesto revela que algo ya había ocurrido o si vemos un rostro que sonríe con la inocencia del que no sabe las desgracias que vendrán, pero que el observador de la foto sí conoce?


Bibliografía

LITERATURA

CASARES, Adolfo Bioy (1940). “La invención de Morel” en: Casares, Adolfo Bioy. Obras completas. Novelas I. Grupo editorial Norma, Buenos Aires, 1999.

CORTÁZAR, Julio y Carol Dunlop (1983). Los autonautas de la cosmopista. Muchnik Editores, Buenos Aires, 1983.

CORTÁZAR, Julio. Apocalipsis de Solentiname [formato PDF descargable previo registro] Biblioteca librodot p. 4 http://www.librodot.com/searchresultauthor.php?authorName=D [Consulta: 4 mar. 2009].

DURAS, Marguerite. El amante [formato Word o PDF descargable previo registro] Biblioteca librodot p. 6 http://www.librodot.com/searchresultauthor.php?authorName=D [Consulta: 4 mar. 2009].

MOLINA, Antonio (2005). “La historia a contrapelo. Modelos visuales y teóricos para el análisis de la fotografía contemporánea en América Latina” en: Situaciones artísticas latinoamericanas. TEOR/etica, San José, 2005. pp. 76-92

QUIROGA, Horacio (1927). “El vampiro”, en: Todos los cuentos. Edición crítica de Napoleón Baccino Ponce de León y Jorge Lafforgue. ALLCA XX, Madrid/París/México/Lima/ Buenos Aires/Sao Paulo/Río de Janeiro, 1996.

FOTOGRAFÍA

ANSON, Antonio (2000). Novelas como álbumes. Fotografía y literatura. Mestizo, Murcia, 2000.

BARTHES, Roland (1977). “Tales”, en: La torre Eiffel. Textos sobre la imagen. Paidós, Barcelona, 2001.

BARTHES, Roland (1980). La cámara lúcida. Nota sobre la fotografía. Paidós, Barcelona, 1990.

BAZÍN, André (1945). “Ontología de la imagen fotográfica”, en: ¿Qué es el cine? Madrid, Ediciones Rialp, 1990.

BELLOUR, Raymond (1971). El libro de los otros. Anagrama Argumentos, Barcelona, 1973.

CASTELO, Luis (2006). Del ruido al arte. Una interpretación de los usos no normativos del lenguaje fotográfico. Ediciones Tursen, S.A. / H. Blume, Madrid, 2006.

DUBOIS, Philippe (1983). El acto fotográfico. De la representación a la recepción. Paidós, Barcelona, 1986.

FRAMPTON, Hollis. Especulaciones. Escritos sobre cine y fotografía. Edición a cargo de George Stolz. MACBA, Barcelona, 2007. Compilación de conferencias y textos realizados a lo largo de varios años.

PEÑALVER, Patricio (1990). La Desconstrucción. Escritura y filosofía. Montesinos, Barcelona, 1990.



[1] Marguerite Duras. El amante [formato Word o PDF descargable previo registro] Biblioteca librodot p. 6 http://www.librodot.com/searchresultauthor.php?authorName=D p. 14.

[2] Roland Barthes. La cámara lúcida. Nota sobre la fotografía. Paidós, Barcelona, 1990. p. 165.

Alicia en el país de las maravillas, de Abelardo Morell.

Mónica Aline Vargas García


Suele ocurrir que una ilustración o un diseño de mobiliario llegue a ser una obra de arte, sin embargo en este caso que tan influyente es, que la ilustración haya sido realizada por un artista que ya estaba dentro del mundo del arte?

Analizar dicha serie tomando en cuenta algunas teorías del arte para dilucidar el problema.

Probablemente la obra se comparara con alguna otra.

La ilustración de un cuento como obra de arte

Alicia en el país de las maravillas, de Abelardo Morell.

Para demostrar eso se tendrá que decir que primera mente para que un objeto sea considerado arte, en mi opinión, no necesita la intención propiamente del artista, pero no por esto digo que las obras realizadas con esta intención tampoco lo sean, lo que digo es, que no es forzoso que para que algo sea arte esta deba ser su única aspiración.

Ahora bien el caso que he escogido para hablar de arte, originalmente fue pensado para ilustrar un libro, una nueva edición de Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Caroll.

Para realizar dichas ilustraciones Abelardo Morell hizo una investigación con su cámara de los dibujos a tinta de John Tenniel de la edición de 1865, la edición original del libro. Las imágenes resultantes son consideradas por Morell como obra artística, aun cuando no partieron de esta intención.

A mi parecer que estas imágenes sean reconocidas como arte no solo por Morell sino a nivel internacional se debe en un primer acercamiento a que Morell ya estaba consolidado en el mundo artístico como un creador fotográfico. Su obra no podría pasar desapercibida como la de cualquier otra persona que estuviera fuera de el medio.

Cubano de nacimiento, su inmersión en el mundo del arte comenzó cuando ingreso en 1981 a la Escuela de Arte de Universidad de Yale, donde realizo una maestría en Bellas Artes, posteriormente a partir de 1983 es profesor de fotografía en el Massachusetts College of Art de Boston.

Ahora bien no es la teoría institucional la que me convence del todo para aceptar que algo es arte, aun cuando considero que para algunos casos se aplica en toda su extensión, no es esté el caso, pues la serie de Alicia en el país de las maravillas es a mi parecer mas que un objeto sacralizado.

Sin embargo en este caso la considero importante, porque probablemente esta serie presentada de igual modo por alguien mas a la larga podría ingresar al mundo del arte, pero presentada por un artista consagrado la obra pasa, a mi parecer casi automáticamente, a constituirse como arte, la crítica es mas benevolente cuando se trata de un artista conocido que si se tratara de un artista que apenas quiere ingresar al medio.

(A este respecto tratare de indagar mas sin embargo la solución al problema esta dividido en dos.)

Fue necesario comenzar con la teoría institucional puesto que gracias a sus preceptos yo conozco la obra de arte, el mundo del arte ha difundido la obra y ha llegado a mi como tal, gracias a esta Institución.

Sin embargo aún cuando en esta primera instancia la obra de arte es tal debido a que esta dentro de un contexto artístico dado. Me queda claro que para autentificar esto es necesaria la validación a través de la comunicación que la obra de arte pueda tener con el espectador.

Para abordar esta serie se necesitara comenzar con un acercamiento a la obra, por medio de una interpretación.

Que de hecho es lo que la obra misma propone, da las bases de su interpretación al ser ella misma la interpretación en imágenes de un texto literario.

En este caso lo que podríamos decir es que nos remite al cuento. Sin embargo me parece que el tratamiento de la imagen da pie a una interpretación mas detallada.

Para mi entender es necesario ver la imagen y comprender de que se trata.

Morell recrea la obra literaria a través del collage, yuxtapone objetos tridimensionales con dibujos bidimensionales, recorta pega y reordena. Construye escenas, en un pequeño teatro.

Sus construcciones hacen alusión a la fantasía de un niño, capaces de transportar a esa inocencia de la niñez, donde es muy facil tomar por real a los protagonistas del cuento saliendo del libro.

También recrea no solo lo divertido e inocente que puede llegar a ser un cuento sino también lo terrorífico, despierta el miedo con el misterio que le imprime a sus fotografías, porque finalmente se esta perdido en un mundo desconocido.

Pero finalmente un mundo mágico,, que puede evocar sentimientos tan contradictorios como lo es el miedo y la alegría.

Ver esta serie de Morell más que dejarme en la ensoñación de un mundo así, me invita a experimentar con la creación de escenarios fantásticos hechos expresamente para la cámara.

Lo espiritual en el arte contemporáneo

(Demian) José Luis García Mondragón.

La teoría institucionalista del arte desarrollada principalmente por Dickie nos muestra que el objeto del arte es un artefacto que recibe ese status de parte del dispositivo social conocido como el mundo del arte. A pesar de que los límites de este mundo no están bastante claros lo cierto es que descubren una realidad social, la de que el arte es un espacio conceptual organizado socialmente y que tiene una pragmática dentro de este mismo. La Estética Analítica ayuda a determinar los conceptos abstractos con los que trabaja el mundo del arte, tales como “objeto artístico”, “estética” y el propio concepto de “mundo del arte”. Este análisis se realiza bajo la premisa de que no se pueden utilizar estos conceptos gratuitamente y se esfuerza por explicarlos con relación a su práctica social.

Utilizando el método analítico de esta estética quisiera estudiar el concepto de “lo espiritual” en el contexto del arte contemporáneo. Para alcanzar esta meta tomaré los análisis que ya ha hecho esta estética acerca del mundo del arte. El siguiente paso es investigar los análisis que se han hecho sobre el mundo del arte contemporáneo para descubrir el carácter conceptual de los objetos artísticos establecidos como tales en el contexto contemporáneo. Con esta misma metodología quisiera investigar el concepto de lo espiritual.

Aquí es importante mencionar una diferencia entre “lo espiritual” en el arte y “arte espiritual”. En el primer caso se habla de un concepto que opera dentro del espacio conceptual y pragmático característico del mundo del arte contemporáneo, mientras en el segundo caso se trata de un tipo de arte que tiene un fin muy específico que es el del ámbito espiritual. En este último caso se habla del arte, desde la teoría institucionalista, como un tipo de producción a la que se le ha dado este status, sin embargo en el arte espiritual entra la disyuntiva de que no cumple con los fines del arte contemporáneo y no es legitimado por el mundo del arte como una producción artística, a pesar de que sus productores o sus obras hayan sido aceptados en algún momento por la institución. La producción puede estar aceptada dentro de los estatutos del mundo del arte contemporáneo, sin embargo, la diferencia entre un arte espiritual realizado en la actualidad y un arte contemporáneo con un carácter espiritual es el fin , la motivación o la intención dentro de la cual es realizada. Esto quiere decir que el mundo del arte también puede convenir si un objeto es artístico en relación a su intención y no sólo por las características de la producción. Estos estatutos son siempre arbitrarios y tienen que ver con las autoridades de esta institución.

Además de la teoría institucionalista la visión hermenéutica de Georg-Hans Gadamer nos podría ayudar a entender lo espiritual como el estado enigmático y simbólico que se muestra en algunas obras de arte. Gadamer dice que “El Arte” tiene estas características, sin embargo yo creo que habría que revisar si esto es aplicable para los objetos artísticos contemporáneos, pues tal vez algunas obras tienen otro tipo de intenciones y proyecciones excepto lo enigmático.

La teoría semiótica de Pierce también nos podría ayudar a entender lo espiritual desde el lugar de la primeridad o de la pura percepción, parte de la experiencia en la que es imposible realizar una descripción lingüística. Esta relación inmediata con el objeto tiene un carácter parecido a lo que describe Gadamer respecto al enigma en la obra de arte y a la comunicación de espíritu a espíritu. Otro teoría en la que podemos apoyarnos es en “lo sublime”, del francés Schérer, donde destaca el carácter inefable de esta forma estética.

Para transportar esta investigación de la abstracción del concepto a la pragmática tomaré como caso de estudio la obra de un artista reconocido por el mundo del arte contemporáneo. Como contexto también realizaré varias referencias a otras obras contemporáneas y a una producción de arte espiritual para también ejemplificar este concepto con un caso concreto.

Dentro del arte espiritual tomaré la obra de la monja vaishnava Syamarani dasi, que fue educada en escuelas de arte en Nueva York. En el caso de lo espiritual en la obra de un artista contemporáneo tengo como candidatos un video de Bill Viola o la instalación de Teresa Margoles en la última Bienal de Venecia.